Pensar en el mal es pensar en el bien. Son dos caras de la misma moneda. Una carretera con dos vías: ida y vuelta. Se puede hacer el mal o se puede hacer el bien. También se puede no hacer nada; pero inevitablemente ello tendrá consecuencias, y éstas serán buenas o malas. Luego aunque nada se haga, siempre se podrá decir que el bien, o el mal, fue su resultado.
Lo dicho arriba no se refiere a la naturaleza de el mal, sino a su íntima asociación con su opuesto el bien. El filósofo se pregunta, y es legítima la interrogación, por la sustancia de lo que observa. ¿Es el mal una abstracción o es una entidad diferenciada? Dicho con otras palabras ¿existe el mal o sólo es un nombre que identifica todo aquello que nos disgusta?
En general las religiones tienden a concebir al mal como una presencia. Como algo maligno que llama al desastre. Ese algo puede encarnarse en un ser humano o en un espíritu. Las películas (sobre todo las norteamericanas que son las que más frecuentan el tema) constituyen el genero de narración donde se dramatiza esta idea. No se representa a ese algo con pezuñas y olor a azufre, pero casi. En general es lo que mueve las cortinas amenazadoramente, lo que provoca caídas desastrosas de los personajes y que, a veces, impulsa a desbordamientos de tipo sexual o de locura homicida. Nada serio, en realidad, ya que están hechas para entretener y no para ilustrar al público; pero muestra el imaginario de los guionistas: el mal como presencia de una entidad que lo encarna.
No siempre son historias para pasar el tiempo. Hay otra dimensión mucho más perturbadora: los campos de concentración, las cárceles, las relaciones sádicas, los psicópatas que asesinan al azar, los terroristas y en general todo ese submundo que amenaza con la violencia huérfana de todo derecho y valor. Contemplar lo que sucede en muchas partes de nuestro mundo, facilidad incrementada por el desarrollo tecnológico, es percibir, algo oscuro que actúa más allá de nuestros propósitos civilizados.
No hay una única manera de percibir el mundo. Nuestra mente ordena la realidad de tantas maneras posibles que marea sólo el enumerarlas. Además, y en esto coinciden la mayoría de los científicos, no existe un algoritmo racional que pueda discernir el pensamiento verdadero del falso. Se puede decir que una proposición es falsa o verdadera por la manera que está construida, pero no se puede decir lo mismo de una larga cadena de razonamientos y experiencias vitales. El mundo puede ser vestido de tantas maneras como mentes lo piensen. La ciencia aumenta el conocimiento, pero en áreas limitadas. Paralelamente discurren otros mundos. Que sean reales o no es un problema de elección personal; no hay una prueba crucial que permita decidir que hipótesis es la correcta.
Aclarado, entonces, que no hay palabras definitivas, uno puede dar una opinión en materia tan compleja a la par que cercana. Quizá sería conveniente recordar que 'santos' y 'perversos' son muy pocos entre los humanos. Muy pocos. Cualquiera puede hacer perrerías al vecino, pero llegar a la perversidad extrema casi nadie lo hace. Creo que si la mayoría de los humanos tuviera un anillo que otorgase inmenso poder, lo usaría para llegar tarde al trabajo sin tener problemas o para comerse una pizza sin pagar al salir. Probablemente ese inmenso poder terminaría aburriendo porque hasta un tonto captaría, luego de un número finito de pruebas, que es más divertido un mundo incierto, que no se controla en su totalidad. Habría extremos sin duda, pero insisto que la mayoría no sabría que hacer con tanto poder. Estoy convencido que la perversidad es tan rara como la genialidad. Está al final de una curva normal que describe la conducta humana y que las novelas y las películas exageran porque necesitan hacerlo para llamar la atención. Justamente, llamar la atención porque es algo raro.
Si preguntamos a un niño sobre la cuestión, es muy posible que nos de bastantes ejemplos del "mal". En estos casos suelen ser cosas desagradables, pero también están mezcladas otras que a ojos adultos nunca habrían sido clasificadas de tal suerte. El pensamiento del niño arroja luz sobre las debilidades del nuestro.
Pensar en el mal como la suma abstracta de todo lo que no nos gusta es pensar en un mal muy relativo. Lo que no nos gusta puede ser bueno para otros humanos; o para otros seres no-humanos. Ello llevaría a una verdadera relativización del concepto. Todo dependerá del punto de vista. La consecuencia inevitable será que el mal no existe como tal: ni como presencia ni como ausencia. Lo que existe es una suma geométrica de situaciones desagradables que van desde un malestar en la columna vertebral a la muerte (propia o de un ser muy allegado). En el medio está toda la lista de calamidades que el pasado siglo XX se encargó en ampliar y enriquecer con gran éxito.
En realidad circunscribir el mal a las cosas malas que nos suceden es eliminar su malignidad. La mayoría de las cosas desagradables que nos acaecen suceden porque tomamos decisiones idiotas. Algo así como construir una ciudad demasiado estrecha cuando hay espacio suficiente. También es verdad que, a pesar de todo, queda un residuo duro de hechos que no dependen de nuestra voluntad, de nuestro raciocinio y de nada que podamos controlar. Pueden atribuirse al azar, a la predestinación o al pago de canalladas realizadas en otra vida; pero en cualquier cosa no dependen de la voluntad. Esa clase de cosas ¿son muestra evidente de la existencia de el mal?
No lo veo así. Podemos quedar paralíticos por causa de una accidente inesperado; se puede morir nuestro hijo o nuestra pareja; podemos perder fortuna, honor, seguridad, salud o cualquier cosa valiosa que se nos ocurra. Podemos ser obligados a hacer la guerra o a sufrirla. Pero esto no prueba nada. En la medida que todo ser es frágil, que su vida dura un instante, que su inteligencia es limitada y que está en un mundo demasiado vasto... cualquier cosa es esperable. Y para ello no se necesita la presencia (o la invención) de un algo maligno sino la pura casualidad y durar lo suficiente para que el azar intervenga. Si se vive lo suficiente algo malo nos sucederá. A pesar de intuirlo nadie quiere pensar en ello; pero aunque no se piense, sucederá.
Hay gente que niega el azar. En consecuencia el razonamiento anterior le resulta estúpido. Sin duda lo sería si se pudiera mostrar que todo lo que nos sucede está sujeto a una ley, una ley moral. "Si me porto bien, nada malo me sobrevendrá". Pero esto es materia opinable y que yo sepa fuera de un contexto religioso no existen estas clases de "leyes". La naturaleza es amoral, o (lo que vendría a resultar igual) si tiene alguna moral no es la que conviene a los seres humanos. Nosotros somos sólo un instante en la vida del universo; nos creemos inmortales como especie, pero es una ilusión ya que es razonable pensar que todo lo que tiene principio también tendrá fin. Imaginar el mal como una presencia es asignarle, aunque sea inconscientemente, las características de un organismo viviente. Y en ese caso ya dejaría de ser algo que mueve las cortinas y arruina nuestras vidas sino alguna clase de bicho que tiene su hábitat, su vida, su familia, y su ciclo vital. Algo imponente, en algunos casos, pero sujeto a las mismas leyes de los dinosaurios y los virus. Una presencia molesta, en suma, pero nada maligna. Además hay otra cuestión que los estudiosos del tema apenas rozan: ¿cuándo debe juzgarse una acción humana o hecho de la naturaleza? Y no es un problema sencillo. Según el momento cambia nuestro juicio. Hay cosas que nos parecen terribles a poco de sucedidas; sin embargo luego de medio siglo la perspectiva puede ser radicalmente diferente. Y no digo nada si el análisis se hace unos pocos siglos después. Por supuesto que dentro de mil años el juicio de la maldad o la bondad de algo puede sufrir tan drásticos cambios que quizá no podrían ser aceptados por los que vivieron las circunstancias juzgadas. Luego ¿qué clase de mal es ese que cambia según el tiempo que lo juzga?
Resumiendo. No estoy seguro que el mal no exista. Pero si llegara a existir le recomendaría que trate de encontrar la manera de llegar a algunos acuerdos básicos con la especie humana. Tal como pintamos (en el circo cósmico), somos una especie tan agresiva y pujante que sin darnos cuenta podemos cargárnoslo y dejarlo en el camino seco y despachurrado. Claro que si no es un ser vivo tiene muchas más probabilidades de acompañarnos en el trayecto que la suerte nos depare en nuestra carrera por el Universo. Puede ser nuestro compañero virtual (o mental) que haga el trabajo sucio que su otra parte (el bien) no quiere responsabilizarse. En realidad si nos agrada el bien, podemos contar conque el mal tiene también su cubierto puesto en la mesa del hombre.
¡Así son las cosas! ¡No se puede tener sólo la cara de la moneda! La vida es atractiva porque es arriesgada, lo que implica que exista la miseria, la violencia, el terror, la desesperación, la enfermedad y nuestra muerte. Quitemos todos los males del mundo... y éste se acaba. La idea del paraíso es tan estúpida que incita a la curiosidad pensar que tantos hombres se hayan confortado con ella. Sólo puede imaginarse placentera una vida sin dolor aquel que está bajo el dolor. Es comprensible, pero no tiene sentido esa propuesta como un programa global. Si alguna idea ha creado el diablo (o cualquier espíritu perverso), no dudo que ha sido la del "paraíso" o la de la "bienaventuranza". Sólo los tiranos necesitan hacer creer a la gente que puede existir y ser placentero un mundo sin riesgo y sin dolor.

Me parece interesante crear un espacio de este tipo.
Che a ve cuando agriegan lo gole de Teve y meten el gol de chanfle de riquelme.
Chua
No me gutan lo milico aguante mene!!!!
biba boca y lo de los piquetero que son de boca y peronista
a mi me guta el fulbo pongan comentario del chabo fus y la negra greta que havlan de boca y del pai que va mal.
gracia por el espacio cedido pa untipo de la cultura.